En esta vida se nos cruzan las personas de manera fortuita; algunas pasan de puntillas por ella, otras están llamadas a quedarse durante un periodo más o menos largo y dejar huella en nuestra existencia.
Y de esa manera “fortuita” conocí a Gustavo Rodríguez, gracias al fútbol y a nuestros hijos que comparten afición y equipo.
La sintonía entre ambas familias se hizo aparente desde el primer momento y la amistad entre los niños traspasó a éstos, comenzando una entre los padres que poco a poco se va fraguando y me permite cada día conocer mejor a la persona.

Cuando nos vienen “mal dadas” parece ser el momento en que pensamos en la solidaridad, en ayudar a los demás y poner nuestro granito de arena en una sociedad que parece irse “al carajo”, para intentar que las cosas mejoren.









