Un lugar encantador

Arco del Dean - Josema CarrascoSiempre se ha dicho que en la vida, los momentos son para vivirlos, pero ¿qué me decís de los lugares?, ¿no os habéis parado a vivirlos, a sacar el jugo de ellos y disfrutarlos?.

Hay lugares que por su propio encanto incitan a vivirlos; algunos, no todos, solamente nos “hablan” a nosotros, ya que los asociamos a un momento de nuestra vida, a un estado de ánimo o a hechos concretos que han podido ocurrir en él.

Pero también los hay los que de por sí son bonitos, rincones que rezuman encanto y tranquilidad.

Todos estos lugares nos transportan cuando estamos en ellos o cuando los evocamos desde la memoria y nos hacen sentir bien, y sentirnos diferentes, contentos y llenos de vida.

Yo tengo lugares que me gustan. Muchos. Algunos han sido más o menos importantes en mi vida: cuando estuve en ellos me gustaron y me dieron un buen “saco” de sensaciones positivas, como el Carrer del Ample de Torredembarra con un rincón encantador llamado el Bodegón donde parece que se ha detenido el mundo; o el Parque Güell, que descubrí este verano y que está plagado de rincones llenos de magia.

Pero hoy, el lugar que me ha hecho escribir este post y reflexionar sobre el encanto de los lugares ha sido una pequeña plaza situada en el corazón del casco viejo de Zaragoza.

Llevando como llevo más de veinte años viviendo en Zaragoza he construido una lista de lugares predilectos; nadie debería de dejar de dar un paseo por la ribera del Ebro, desde los galachos de la Alfranca a la Expo, y dejarse transportar por la fuerza del río. Al igual que todo aquel que pase por aquí no puede dejar de visitar el Arco del Dean, sin duda uno de los lugares más mágicos y maravillosos de la ciudad.

Pero como os contaba, el lugar que me ha llevado a escribir estas líneas ha sido la plaza de Santa Cruz, una pequeña plaza situada en la zona peatonal del Casco Viejo. Con varias terracitas, puedes sentarte tranquilamente a disfrutar del ambiente que se respira en ellas. Entre ellas quizás mi favorita sea la del Praga.

El pasado doce de Octubre, huyendo del “follón” de las fiestas y de la Plaza del Pilar (ofrenda incluida), pude disfrutar de un momento maravilloso sentado en sus mesas y contagiándome por el ambiente. Aunque dadas las fechas estaba abarrotada de gente, el lugar y la música que salía del cuarteto de cuerda me transportaba a un territorio lleno de paz y tranquilidad.

Disfrutando del momento, con el “Canon” y “Por una cabeza” de fondo, me hizo recapacitar y pensar en por qué no nos decidimos también a vivir los lugares.

Construyamos nuestra lista de lugares, de sensaciones, y dediquemos a “visitarla” a menudo, si no físicamente, hagámoslo desde nuestra memoria, desde el recuerdo de lo vivido en ellas.

Descubriremos que igual que ocurre con una canción o una película, un lugar también puede evocarnos sensaciones y hacernos “volver” a vivirlas cuando lo visitemos de nuevo o simplemente cuando lo recordemos.

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Una respuesta a Un lugar encantador

  1. Clara I. dijo:

    Estoy de acuerdo contigo Isaac. Creo que hay muchísimos sitios a los que volvería; la segunda vez que visitas un destino es siempre mejor que la primera, te fijas en nuevas cosas, aprecias más todos los pequeños detalles… El primer paseo, cuando acabas de llegar, es uno de los mejores momentos. Yo nunca he estado en ningún sitio del que estuviese deseando irme o al que nunca volviese bajo ningún concepto, aunque algunos sitios asustan; unos me han gustado más que otros pero todos los que he visitado tienen algo especial. La mayoría supera mis expectativas, no porque tenga expectativas bajas si no porque siempre descubres cosas que no esperabas. Ningún sitio me ha decepcionado, a lo mejor no era lo que me había imaginado, pero siempre hay algo que descubrir.
    Otras veces conocemos cada rincón, cada calle, encontraríamos la salida de cualquier laberinto, pero nos gusta perdernos y encontrar cierto “gusto” al hecho de dejarnos llevar por espacios que han formado y que han hecho de nosotros quienes somos. Mi mente, mi cuerpo y sobre todo mi alma me lo piden. Y lo mejor de todo: aunque a veces sean tan íntimos como para recorrerlos en soledad, cuando verdaderamente se disfrutan es en buena compañía.

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